He leído hace poco en la prensa de Uganda que el país se ha convertido durante los últimos años en uno de los paraísos para occidentales que buscan turismo sexual. Después de sufrir oleadas interminables de pobreza extrema, guerras, enfermedades (entre ellas el SIDA, cuyo rápido descenso parece haber hecho bajar la guardia a muchos) y dictadores, sólo nos faltaba ahora esto. Hay incluso un blog especializado en el que visitantes y expatriados de todos los calibres relatan sus experiencias en este campo y se intercambian información sobre hoteles, burdeles, bares y hasta esquinas de calles donde pulula este negocio, además de informar sobre tarifas y a veces incluso hasta de nombres de "lumis" que encabezarían los ranking de mejores servicios. Huelga decir que en este triste negocio hay también menores explotadas, y que el propio gobierno ugandés -aunque oficialmente ha puesto el grito en el cielo- no hace nada por combatir esta lacra.
Fuente: Fundación Sur

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